Protestants dans la Ville

Page d'accueil    Liens    

 

Gilles Castelnau

Images et spiritualité

Libres opinions

Spiritualité

Dialogue interreligieux

Hébreu biblique

Généalogie

 

Claudine Castelnau

Nouvelles

Articles

Émissions de radio

Généalogie

 

Libéralisme théologique

Des pasteurs

Des laïcs

 

Roger Parmentier

Articles

La Bible « actualisée »

 

Réseau libéral anglophone

Renseignements

John S. Spong

 

JULIAN MELLADO

Textos en español

Textes en français

 

Giacomo Tessaro

Testi italiani

Textes en français

 

 

 

 

Lo que yo creo

 

 

Jacques Pohier

 

Concilium
Revista internacional de teología nº 105

« ser inmortal »

 

 

12 de marzo de 2012

El 7 de abril del año 30 de nuestra era, Jesús de Nazaret fue ejecutado tras su condena a muerte. Los jefes religiosos y civiles judíos manipularon habilmente las autoridades romanas de ocupación invocando motivos políticos, aunque el verdadero problema era de orden religioso: Jesús fue eliminado a causa de lo que decía de Dios, y las relaciones entre Dios y los hombres, además de las que tenía Dios con él. Lo que decía destruía muchas cosas: las ideas recibidas sobre Dios, el orden religioso y civil de su comunidad, el poder de los jefes y los símbolos. Más que cambiar una iota a su idea de Dios y a las consecuencias prácticas que sacaba hasta para él mismo y para los demás, en vez de callarse y disolver a sus discípulos, prefirió arriesgarse hasta la muerte. De hecho, ni él ni sus adversarios tenía otra elección: o bien era él quien desaparecía o eran ellos; o bien era él quien tenía la razón acerca de Dios, o eran ellos.

Nunca se encontró su cuerpo. Sus discípulos pretendieron que había desaparecido del sepulcro al día siguiente de su muerte, y que después se apareció varias veces, aunque solamente a aquellos que creían en él (los cuales tenían, bastantes dificultades en reconocerlo), et que seguidamente fue llevado a los cielos. Sus adversarios afirmaron que aquello eran leyendas forjadas por sus discípulos para acreditar sus enseñanzas, y que en realidad fueron ellos los que sustraido el cadáver. Ninguno de los dos bandos han podido jamás probar su tesis, uno mostrando el cadáver, el otro mostrando al resucitado. En 1974, yo Jacques Pohier, cristiano, no tengo ninguna prueba a favor de ninguna de las dos tesis.

Creo (en el sentido de credo, y no en el sentido de la certidumbre, ya que nunca hemos presenciado una resurrección, pero sí muchas veces de la desaparición de un cadáver) que Dios ha resucitado a Jesús de Nazaret de entre los muertos. Para mi, eso significa esencialmente que Dios tiene el poder de atestarse a sí mismo. Resucitando a Jesús, Dios hace y dice : « este Jesús que habéis hecho matar a causa de lo que decía de Mi , es él el que tenía razón y no vosotros; Soy como él dijo, aquello que afirmó sobre Mí es exactamente lo que Yo digo de Mi mismo, él era literalmente lo que Yo digo de Mí. Y por eso él está vivo para siempre. Pues, palabra del Dios Vivo, viviendo y muriendo por la idea que tenía de Mí, ese Hombre ha encarnado lo que Soy. Por ello está vivo, ya que Yo Soy el Dios Vivo. » O bien Dios no existe, o bien si existe, tiene la posibilidad de atestarse cuando un hombre se presta a ello.

La resurrección de Jesucristo no significa en un principio que Dios es más fuerte que la muerte. La victoria sobre la muerte no es su meta ni su objeto, sólo es el medio que permite expresar que nada puede prevalecer contra la auto-manifestación de Dios si un hombre se dejar utilizar por ella. Por eso la resurrección de Jesús por Dios tiene como meta y como resultado no el constituir un « Jesús resucitado - algo empírico » que la fe se dedicara a contemplar y a venerar, sino de llevar a cabo la auto-manifestación de Dios a los hombres. Los destinatarios y los beneficiarios no son en principio Jesús ni su Padre en su relación recíproca, sino los hombres en sus relaciones con Dios, ya que el fin de esa resurrección es que Dios pueda manifestarse en el mundo concreto de los hombres , en su dimensión histórica. El resultado es que efectivamente Dios se manifiesta en este mundo, manifestación atestiguada no por objetos empíricos que pretenden suplir al Jesús resucitado, sino por el hecho de que hombres y mujeres constituyen el cuerpo de Cristo: Jesús es presentado como viviente solamente por el hecho de que se cree en él y se le sigue, y entonces Dios puede tomar cuerpo en la humanidad.

Lo que Dios ha realizado en Jesús de Nazaret, creo (credo) que tiene el poder y la intención de realizarlo en todos los que creen en El. Puesto que esta resurrección ha sido un acto de auto-manifestación divina, pienso que Dios tiene el poder de auto-manifestarse en mí y a través de mí, si a mi vez digo verdaderamente lo que El es, es decir si digo de El lo que dijo Jesús. Si vivo - si muero- de tal manera que esa idea de Dios provenga de mí, y si algo de mí es transformado por esa idea, entonces Dios puede hacer de mí un Viviente, entonces el Dios vivo puede realmente vivir en mí.

Actualmente, porque es hoy que ocurre todo esto. Dios es hoy, y yo también. Y lo que la muerte y la resurrección de Jesús han hecho posible, pertenece al hoy. También al ayer. Y al mañana.

¿Y después? ¿Y después de morir? De eso, no puedo saber nada: es otro mundo, que desde lo que soy no puedo representarme nada. No pudiendo saber nada, no puedo prestarle atención alguna. Ciertamente, no me han faltado razones para interesarme por - otro mundo-. pero nada hará que me enfoque en ese otro mundo, que digamos está por venir, que en el fondo es pensado como la inversión de este mundo proyectando en él mis deseos frustrados. Como ser humano y como cristiano he aprendido otras maneras - incluso mejores- de luchar contra el mal y el sufrimiento (los míos y los de otros), de rebelarme contra ello, de practicar la msericordia, de llorar o de guardar silencio. Otras maneras también - incluso mejores - de hacer presente la vida y de gozarla: la mía y la de los otros. He renunciado a servirme de Dios para solucionar los problemas que se me presentan pues creo que Dios es creador y que las condiciones de mi existencia es un hecho suyo, incluido mi contingencia, que no consiste en una herida inflijida al hombre sino que pertenece a su naturaleza.

Es hoy que Dios me resucita, es hoy que me da la vida eterna puesto que según Jesús, esa vida consiste en que - te conozcan aTí, el único Dios y a aquel que has enviado, Jesucristo (Jn17,3) -. Lo que Dios realizó resucitando a Jesucristo, consiste en la posibilidad de hacerse conocer por mí hoy, la posibilidad de conocer a Jesucristo hoy.
Es hoy, ¡gracias sean dadas a Dios Padre, a Jesucristo su Hijo y al Espíritu! ¡ Gracias a los hombres y a las mujeres cuya fe me han testimoniado que Dios vive! Hoy puedo conocer a Dios y a aquel que El envió, de la manera que un ser humano puede conocer: ni más ni menos. Hay de que colmar la vida de un hombre, de vivificarlo: de una manera humana, ni más ni menos.

¿Y después de la muerte? De esto, hoy no puedo saber nada. Puedo saber algo de mí mismo: que estoy vivo, y que soy mortal. Puedo hoy saber algunas cosas de Dios: que es el Dios vivo, y que tiene memoria. Si Dios existe, entonces tiene memoria: por lo tanto debo de existir en su memoria y esa memoria nunca deja de ser. ¿Es que esa memoria me hace existir de una manera que seguiré exitiendo después de morir en otro modo de ser que la que tengo como hombre concreto de la historia? No lo sé. Tampoco necesariamente debe ser ese el destino de alguien por tener memoria de él; ¿qué sería nuestro mundo, nuestras vidas de vivientes si el hecho de que hagamos memoria de alguien significaría su supervivencia física real? Un infierno. Más bien, ya no habría ni hombres ni mujeres, ya que la muerte individual es la condición sine qua non de la vida de la especie Homo sapiens. No hay ninguna evidencia que la mejor manera que Dios tiene de hacer memoria de mí fuese el hacerme sobrevivir. Creo (credo) que su memoria es viva, eficaz y que no pasa, puesto que El es el Dios vivo. ¿Pero eficaz hasta dónde?

De todas maneras cuando constato lo que está proyectado, por debajo de la fe, en ese -después de la muerte-, me digo a mí mismo que ese mundo al revés (es otro mundo) nos distrae de Dios, de nosotros mismos y de los demás. Nos hace perder el tiempo: ahora bien el tiempo es limitado y no debemos desperdiciarlo. Es necesario que hoy me ocupe de Dios, de mí y de los otros. También de mi vida y de mi muerte. Y de hacer memoria de Dios y de Jesús.

Y de re-suscitar a Jesús.

Traducción Julian Mellado

 

Vuestros reacciones
Volver a "Textos en español"

haut de la page

 

 

Les internautes qui souhaitent être directement informés des nouveautés publiées sur ce site
peuvent envoyer un e-mail à l'adresse que voici : Gilles Castelnau
Ils recevront alors, deux fois par mois, le lien « nouveautés »
Ce service est gratuit. Les adresses e-mail ne seront jamais communiquées à quiconque.