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Curación a distancia

 

Lc 7,1-10

 

¿Es necesario haber visto a Jesús para beneficiarse dela salvación/sanidad que ofrece? Esta historia muestra que lo que es necesario es escucharle, aunque sea de lejos.

 

Henry Persoz

 

20 noviembre 2012

Extraña historia la de este centurión, representante del poder de ocupación, que ama a la nación judía, y que a la vez muestra un auténtico respeto por Jesús, hasta el punto de enviarle unos amigos para pedirle que vaya a sanar a su esclavo enfermo. Jesús no conocía ni al esclavo ni al centurión, pero decide ponerse en camino hacia la casa del centurión. Cambiando de parecer, le vuelve a enviar otros amigos para decirle a Jesús que no debe molestarse en ir a su casa. Porque no se siente digno de recibirle en ella. Sólo pronuncia estas conocidas palabras : « pero dí solamente una palabra y mi siervo sanará ». De esta manera los diálogos y la curación se da entre personas interpuestas y a distancia. Y más allá de las barreras políticas entre ocupantes y ocupados, de las barreras sociales entre esclavos y hombres libres, todos se aprecian y esa atmósfera de confianza es la que permite la curación a distancia del esclavo, probablemente un extranjero sin papeles.

La costumbre era, no obstante, tocar la persona enferma para que la salud le fuese restablecida. En cambio, aquí, surge simplemente en el intercambio de palabras amistosas compartidas a lo largo del camino. ¡ Realmente es un milagro que una curación pudiera darse en tales condiciones !

Es bastante extraño, en los evangelios, que venga reflejado esa relación amistosa entre un pagano y un judío, entre los ocupantes del pais, y los ocupados. Lucas trata aquí de un tema que le es muy querido: Jesús viene para llevar la Buena Noticia también a los paganos, a todo ese mundo no judío, necesitado de una esperanza y de un arte de vivir orientado hacia la solidaridad.

El centurión había oído de Jesús, nos dice Lucas. ¿Pero qué es lo que había oído ? No lo sabemos. Seguramente estaría impresionado por algunos milagros, y quizás también por lo que Jesús anunciaba a las multitudes. Justo antes de ese encuentro, Lucas ha redactado el << Sermón en el llano>> que recomienda la generosidad hacia el prójimo, y el amor a los enemigos.

El centurión sabía por tanto que Jesús ya era conocido por su palabra. Entendió la fuerza que tenía ésta, su poder, más que la suya propia cuando daba órdenes. « le digo a uno haz esto y lo hace ». Para este oficial disciplinado, Jesús tiene una autoridad, cuando habla, aún sin pertenecer a ninguna jerarquía, a ningún orden establecido, sino que predica al contrario el derribo de toda jerarquía : el más grande será el más pequeño; el primero será el último; los poderosos, los ricos y los decentes llegarán después que los esclavos, los pobres y los enfermos al Reino de Dios.

 

Esta fe de centurión que no muestra la necesidad de encontrarse directamente con Jesús es realmente algo a señalar. Cualquiera estaría exultante de recibir a Jesús, de tenerlo para él, de hacerle entrar en su intimidad, de poder decir: << Vino a verme, se interesó por mí>>. En cambio la actitud del centurión es muy diferente: no te molestes, no pierdas tu tiempo para venir a mi casa, para venir a verme. Señor, no hace falta que hagas ese esfuerzo. No lo merezco. Soy demasiado insignificante como para reclamarte que me atiendas. Di solamente una palabra. El término logos, empleado en este relato, tiene un significado más profundo que el término palabra. Tambien tiene el sentido de sabiduría. Di solamente una palabra de sabiduría. El centurión no necesita de la presencia física de Jesús, de su presencia real, sino de la sabiduría que predica y representa. Ahí es donde radica su fe, que tiene más necesidad de oir una palabra que de ver.

Jesús se queda por lo tanto, alejado del enfermo y lo que hace es reconocer la fe del centurión. La fe en la fuerza de la palabra. Di solamente una palabra y mi siervo sanará. El centurión todavía no había visto personalmente a Jesús. Y éste desaparece antes que que se haya constatado la curación. Como dijo Jesús a Tomás el incrédulo : « Felices los que han creído sin haber visto ».

Felices, lo somos nosotros también, si, como el centurión, no buscamos convocar a Jesús en nuestra casa, si no pretendemos acapararlo, sino que buscamos unir nuestros esfuerzos y nuestras oraciones para que los más desgraciados de los hombres, esclavos de nuestra civilización, sean salvados.

 

Traducción Julian Mellado

 

 

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