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Emmanuel Kant

 

La religión de la razón, la religión de iglesia y la falsa religión

 

 

Gilles Bourquin

 

 

9 octubre 2012

El siglo de las Luces fue ante todo el siglo de la libertad y de la razón universal, nociones generadoras de nuestra mentalidad moderna. El espíritu de las Luces alimentaba la esperanza de que el pensamiento humano, conducido libremente por la sola razón, conseguiría liberar a la humanidad de las tinieblas de la superstición religiosa y conducirla por el camino del conocimiento verdadero y de la paz política. No se trataba aún, como en el siglo siguiente, de proponer la idea del ateismo, sino de concebir una religión totalmente comprensible por la razón, sin tener que recurrir a ninguna revelación particular como la que presenta la Biblia. Así que la religión de las Luces consistió en el Deismo, doctrina que afirma la existencia de un Dios creador pero que no interviene en la naturaleza.

En ese contexto, había que redefinir el lugar que debe ocupar el cristianismo. Entre los polemistas más duros frente a la Iglesia, como Voltaire para quien todos los dogmas eran prejuicios sin fundamentos, y los teólogos los más conservadores, una serie de pensadores, como Jean Jacques Rousseau y sobretodo Emannuel Kant (1724-1804), trataron de establecer un compromiso entre el espíritu de las Luces y la fe cristiana. Están en el origen de las teologías liberales del siglo XIX. La posición de Kant es particularmente interesante ya que paralelamente a su crítica de la religión, el filósofo de Königsberg emprende igualmente una autocrítica de la razón, clausurando y sobrepasando de esta forma a la filosofía misma de las Luces. Con Kant, la razón se convierte en su propio tribunal, donde se constata que es incapaz de juzgar teoricamente la existencia o no de Dios. Este asunto pertenece a la fe sola. Según Kant, la idea de Dios desempeña un papel práctico indispensable, ya que los esfuerzos en el campo de la moral del hombre, siempre imperfectos en la vida presente, sólo pueden tener sentido si existe un Soberano Bien, un Dios exterior a nuestro mundo qui garantice que esos esfuerzos se completarán en una vida futura.

A los ojos de Kant, en la línea más pura de las Luces, esa religión moral no depende de ninguna revelación, de ninguna religión instituida ni de ningún culto comunitario. Se fundamenta en la conciencia humana. La religión de la razón, es esa convicción universal de poseer una voluntad libre orientada hacia el bien que libera al hombre de sus instintos naturales y que funda su humanidad. En esas condiciones, ¿ para qué puede servir aún la religión de Iglesia, el cristianismo? Kant le asigna un papel de pedagogo. La religión de Iglesia debe reforzar la religión de la razón. En un pasaje clave de su libro La religión en los límites de la razón (1793), Kant explica que tenemos necesidad de un modelo humano que nos represente « el ideal de una humanidad agradable a Dios » y que un hombre tal debería necesariamente derramar el bien alrededor suyo a la vez que debería ser capaz de soportar los peores sufrimientos y la muerte más humillante, digamos un « Hijo de Dios », que se convierte así en el modelo a imitar.

Kant muestra los peligros que ocasiona la religión de Iglesia, que no debe nunca convertirse en un fin en sí mismo, sino ser siempre un medio para realizar mejor la religión de la razón. Cuando el culto eclesial, las oraciones y las confesiones de fe se vuelven una obligación para agradar a Dios, esa falsa religión se opone diametralmente a la religión de la moral, es decir a la práctica del bien que es según Kant la única manera legítima de agradar realmente a Dios. Se entiende en consecuencia que la fe en la gracia divina, central para el protestantismo, apenas es aceptable en el pensamiento de Kant, quien ve en ello el riesgo de caer en una solución fácil.

Traducción : Julian Mellado

 

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