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La fe de Jesús
 
 


 

 

Gilles Castelnau


 

Publicado en Évangile et liberté
de enero 2012
 
 
 


 

15 de enero de 2012

El evangelio de Lucas nos cuenta (Lc 5, 17-6,11) que al comienzo de su ministerio Jesús se encontró confrontado a una impresionante delegación de fariseos venidos especialmente de todas las regiones de Israel y que, después de haber rechazado cinco de las acciones de Jesús se "Llenaron de furor y hablaban entre sí qué podían hacer contra Jesús".
Se comprende que la manera de actuar de Jesús, que le llevaría a la muerte, tenía para él la importancia fundamental de la verdadera unión del hombre con Dios.
 


El paralítico que descendieron del techo no había pedido nada ni siquiera había expresado sentimiento alguno. No se había "arrepentido de sus pecados". En cambio Jesús le dice: tus pecados están perdonados. Desconocemos cuáles serían los pecados de este hombre. Pudiera ser que fueran como los nuestros. Jesús les muestra que a sus ojos, Dios le otorga la liberación de sus faltas. Después le dice esta palabra magnífica: " Levántate y camina", lo que sifnifica que para ese hombre paralítico la presencia divina se convierte en un dinamismo creador.
Para los fariseos, Dios no perdona así. Hay que esperar al Yom Kippur. Pero Jesús perdona en nombre de un Dios que no exige ninguna condición.
 


La comida en casa del recaudador Leví. Jesús fraterniza con los indeseables y los fariseos le critican por ello, ya que según ellos un hijo de Dios debe respetar la exigencia de pureza, por lo tanto no debe mezclarse con los pecadores, ni siquiera comer con ellos. Pero Jesús se muestra a sí mismo como el hermano de todos los hombres, quienes a sus ojos son todos igualmente hijos de Dios, "hombres de buena voluntad" como cantaban los ángeles en la Natividad, u hombres de mala voluntad, como los de la casa de Leví, el recaudador.
 


El ayuno y la oración. La 3ª escena es aquella donde Jesús defiende a sus discípulos contra los fariseos que les reprochan de "comer y beber" en el tiempo del ayuno y de la oración. El evangelista Juan situará al principio del ministerio de Jesús, en Caná, el gesto de transformar en buen vino el agua que estaba destinada "a la purificación de los judíos". Jesús no anuncia un Dios rígido, que exige una pureza ritual sino el Dios de la vida fraternal entre los hombres.
 


La siega. El día del Sabat, los discípulos hambrientos recogen granos de trigo con sus manos y se los comen. Los fariseos les echan en cara esa falta de respeto por la ley sacro-santa del Sabat.
Pero sin dar justificación alguna por esa transgresión, Jesús apoya en realidad esa libertad interior de los discípulos, liberados de esta manera, de toda norma formal que exige obediencia.



La mano del hombre y el Sabat. La mano de este hombre, su mano derecha que simboliza en realidad su fuerza vital es, a los ojos de Jesús, más importante que el respeto debido al Sábat de Dios. Porque Dios -acabamos de verlo en el relato precedente, pero al volver a decirlo refuerza el argumento- da más importancia a la calidad de vida de un hombre que a una norma ritual.
Jesús llama al hombre para que se sitúe en medio de la asamblea, a él del cual nadie se ocupaba, de la misma manera que aprobó que el paralizado descendido del techo "apareciera en medio de la asamblea". A los ojos de Dios, dice Jesús, aún en día de Sabat, no son los rollos de la Torá los que deben ser puestos en medio de la asamblea, sino el hombre necesitado. Jesús no es fiel a un Libro, a una Ley (aunque sea la de Dios mismo), a un reglamento (aunque sea santo) sino que es fiel al hombre y a la vida.
 


Para los fariseos, después de estas cinco escenas, la cosa ha quedado clara: Jesús no es fiel al Dios legalista y de la pureza ritual.
Pero para los cristianos la buena nueva revelada es la de un Dios de la Vida, de la Compasión, de la Libertad interior, y de la renovación.
Cuando los fariseos llevaron a la muerte a Jesús en nombre de su concepción de Dios, nosotros anunciamos que nuestro Dios, el Dios de Jesús es en realidad el Dios de la resurrección.
El aliento que surge de esos textos me seduce, me cautiva, me libera... me « salva ».
 
 


 

Traducción Julian Mellado


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