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Carta al apóstol Tomás

 

Julián Mellado

Profesor de Lengua y Literatura francesa. Nacido en Bélgica.

 

 

26 deciembre 2020

Te escribo, apreciado Tomás, aunque sé que no podrás leer esta carta, quizás por eso mismo. He decidido escribirte porque siempre has sido mi apóstol preferido. Ya sé que no eres precisamente el más famoso o apreciado. Muchos te llaman "Tomás el incrédulo" a modo de mal ejemplo.

Sobre ti se han escrito muchísimas leyendas e historias que ya no son posibles verificar. En cambio hay algo en el relato oficial sobre ti que siempre me ha fascinado.

Recuerdo la primera vez que lo leí, cómo me sentí sacudido, impresionado y hasta sorprendido. Luego acepté lo que me decían de ti, que eras un mal apóstol, alguien que no era ejemplar como tus compañeros.Con el paso de los años, Tomás, me he estado acordando más de ti hasta el punto de identificarme contigo y verte como un compañero a través del tiempo.¿Sabes qué es lo que me llamó la atención de ti? ¿Aquello que me cautivó y me sigue cautivando?

Pues algo tan sencillo como que tú querías saber antes de creer.

No te gustaba la fe de segunda mano, es decir, creer por el testimonio de otra persona. Tú querías verificar lo que te decían. Según el relato oficial te negaste a creer el testimonio de los que decían que lo imposible había ocurrido. Les dijiste que querías ver y tocar por ti mismo. Lo que siempre he admirado de ti, querido Tomás, es que resististe la presión de grupo. Todos decían haber visto lo imposible, o más bien se fiaban del testimonio de los principales líderes. Para ellos era suficiente. Me parece que eras un buen conocedor del corazón humano. Ese corazón que desea creer cuando aporta consuelo. Y eso nos coloca en una disyuntiva. ¿Qué es más importante, algo que consuele aunque no se sepa si es verdad, o buscar la verdad aunque no consuele?

Creo, Tomás, que quizás no se puede juzgar tan fácilmente. Cada uno hace lo que puede con la vida. Algunos somos como tú, queremos averiguar antes de qué va el asunto para luego decidir confiar o no. ¿Sabes? Fuiste un adelantado a tu tiempo. En serio lo digo. En tu tiempo no estaba bien visto que alguien suspendiera el juicio hasta poder tener evidencias suficientes para inclinar una decisión. Había que obedecer más bien. No te creas que en mi tiempo esto ya está superado. Siempre están los que saben de antemano y buscan la adhesión sin crítica. Son muy hábiles para atrapar las emociones de sus seguidores.

Recuerdo la vez que uno de esos líderes me dijo que la gente necesita creer y no tanto pensar. Aquello me escandalizó. No sé qué pensarías tú de vivir ahora, pero sospecho que no te haría ninguna gracia. Otra anécdota que recuerdo es cuando en una reunión hablé de ti. Te puse como ejemplo... y, bueno, no gustó demasiado. Seguían empeñados en llamarte "el incrédulo" que en ese contexto era lo peor que se podía llamar a alguien.

¿Incrédulo? No me parece que ese término sea correcto. Lo que tú querías evitar no era la fe sino la credulidad. Estableciste el derecho a dudar y a sacar las propias conclusiones.

El relato oficial nos dice que se te otorgó verificar lo que te anunciaban. Dice que pudiste, efectivamente, ver y tocar. Tomás, ¿realmente fue así? El relato se escribió varios años después del supuesto acontecimiento. Te confieso que me parece un arreglo para desactivar la peligrosa idea que habías lanzado. Pero creo que es más honesto tomar el relato tal y como nos lo han transmitido. Te dieron las pruebas que pediste. Si fue así, te diré querido amigo que fuiste un privilegiado. Aunque hay algo del relato que me inquieta. No sólo recibiste esas evidencias sino también un reproche, diría incluso una corrección. Pienso que es debido a esa reprimenda que te llamaron "el incrédulo" por siempre. Te dijeron que había que creer sin ver. Y esta idea fue la que prevaleció. Te habían anulado por completo. En cambio cuanto más lo pienso más me aterra esa idea. ¿Confiar sin verificar? ¿En el testimonio oral o escrito de otros? ¿Sabes cuántas desgracias han ocurrido por seguir esta idea?

Es el consejo ideal para todo engañador, todo creador de sectas, todo visionario, todo iluminado. ¿Y qué diremos de los que se creen líderes encomendados por la divinidad?

"Cree pero no preguntes, no dudes, ya lo hemos pensado por ti”. Lo he visto tantas veces que me da escalofríos recordarlo. ¿Qué temen? Tomás, esa idea es reducir al ser humano a su estado infantil. De pequeños creíamos sin ver lo que nos decían los mayores. Luego crecimos y quisimos saber pero no siempre nos dejaron. Había que tomar una decisión .

Buscar la verdad o buscar la seguridad.

Descubrimos que dudar era ser conscientes de vivir a la intemperie.

Soy consciente de que estoy proyectando sobre ti mis propios pensamientos, no lo niego. Sin embargo te confieso que al leer el relato oficial, me inspiraste. Me dije: he ahí uno de los míos, un hermano de espíritu. Yo también quiero saber antes de confiar. Pienso que es la manera de mantener un pensamiento crítico y protegerse de tantas ideas ilusorias. En mi sociedad nos bombardean con mensajes religiosos y políticos que pretenden ser absolutos.

No quieren que pensemos, que investiguemos, que critiquemos ni que argumentemos. La presión de grupo es enorme, asfixiante y dañina. Siempre hay que pagar un precio para ejercitar el derecho a dudar.

Te dieron esas evidencias según el relato oficial, pero fueron las tuyas no las mías. Soy como tú. Quiero investigar y verificar por mí mismo las cosas que me dicen incluyendo el legado recibido.

Se requiere un enorme esfuerzo intelectual y emocional. No quiero confundir mis deseos con la realidad.

Se nos ha dicho que la Verdad nos hará libres, no que nos tenga que gustar, ni siquiera consolar.

Bueno, querido Tomás, aunque sé que nunca leerás esta carta, no podrías hacerlo, ha sido un placer escribirla. Así que la terminaré como la empecé.

Tomás, sigues siendo mi apóstol preferido, gracias por defender el derecho a dudar.♦



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