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Tres ideas de Sebastian Castelio

 

Julian Mellado


 

27 abril 2017

Sebastian Castelio (1515-1563), cristiano, protestante y humanista, fue el hombre que se enfrentó a la tiranía de Juan Calvino con sus escritos. Este erudito fue desanimándose con la Reforma según veía la deriva autoritaria y doctrinaria que iba tomando. Su enorme preparación intelectual no fue del gusto del Reformador de Ginebra quien hizo lo posible para frustrar la vocación docente de Castelio. El culmen llegó con el asesinato de Miguel Servet a manos de las autoridades de Ginebra, auspiciadas por Juan Calvino. Castelio escribió un poderoso « contra el libelo de Calvino, despues de la muerte de Miguel Servet ». El autor tuvo que pagar a su vez su precio por oponerse al todopoderoso reformador. No olvidemos que Castelio fue quien acuñó esta famosa frase : « Matar a un hombre para defender una doctrina, no es defender una doctrina, solamente es matar un hombre ». Sólo debemos cambiar « matar » por « menospreciar » y veremos lo actual que resulta hoy este dicho. (ya que en occidente ya no matamos a nadie por cuestiones de fe)

Castelio creía en otra reforma, una vuelta real al seguimiento de Jesús, que para él representaba la verdadera esencia del cristianismo y no un conjunto de dogmas con los cuales los hombres no han hecho más que enfrentarse hasta la muerte. Las ortodoxias siempre se enfrentaron entre sí.
Sebastian Castelio, como buen humanista, veía que Cristo había traído sobretodo una nueva manera de ser, de vivir e incluso de pensar.
Al final de su vida escribió su "Del arte de dudar y de creer, de ignorar y de saber ». Una auténtica maravilla, escrito por un pensador que se adelantó a su tiempo e inspiró a John Locke y Voltaire cuando escribieron sus respectivas obras sobre la Tolerancia. Aunque es justo recordar, de estos dos insignes escritores, que realizaron su labor dentro de un ambiente social de menos riesgos. Castelio se jugó la vida, ya que no fue del agrado de los protestantes que no sólo levantaron sus ortodoxias (que también se oponían entre sí) sino que elaboraron sus propios sistemas de represión contra el disidente.
Veamos tres ideas centrales de Castelio, sacados del libro « Del Arte de » que nos darán un botón de muestra, de la grandeza de este hombre. Recordemos en qué siglo escribe, y que este libro fue ocultado por varios siglos hasta que fue redescubierto en Holanda, no hace tanto tiempo. Castelio fue silenciado, aunque se conocían otros escritos suyos. Pero se necesitó mucho tiempo para que se volviese a publicar este libro.

Primera idea : « No debemos admitir una doctrina sin reflexión » (I,5)
Nuestro autor plantea que en su época la mayoría eran cristianos por el sólo hecho de haber nacido en un país cristiano. Al igual que muchos eran mahometanos por haber nacido en un país donde se veneraba a Mahoma. Este pensador pues, se quejaba de que en realidad eran pocos los que entendían las doctrinas cristianas que eran impuestas a la población. No se comprendían pero tampoco era fácil hacerlo, por el lenguaje, por el nivel de alfabetización, y sobretodo porque eran obligatorias. Era la autoridad religiosa quien definía lo que había que creer. Siempre he oído de que la Reforma defendió el derecho al libre examen. Es una verdad a medias. Es cierto que vemos al Luterio en Worms establecer ese derecho. Para él. Porque luego se lo negó a otros. Como también lo negaron otros reformadores. No hay más que ver cómo trató Zwuinglio a los anabaptistas suizos, o Calvino lo que pensaba de quien discrepaba de él.
El libre examen se dio en realidad entre los humanistas, especialmente en Sebastian Castelio, quien defendió el derecho de cada cual a examinar su fe sin las imposiciones de las autoridades religiosas.
Creía que todo cristiano tenía la capacidad de reflexionar sobre aquello que se le proponía. Y que era un deber hacerlo, no aceptando ciegamente los dogmas de una u otra iglesia. Su reflexión personal le llevó incluso a iniciar la crítica textual con la cual elaboró la más bella traducción al francés de La Biblia. Una traducción dinámica dirigida al pueblo.
En los tiempos actuales donde el fundamentalismo de toda clase ha florecido, esta máxima de Castelio toma una enorme importancia.
Se debe enseñar a pensar y a reflexionar, más que lo pensado y reflexionado por otros.

Segunda idea : « La mejor de las doctrinas es la que hace a los hombres mejores » (I,6)
Es la piedra de toque del pensamiento de nuestro autor, en la línea de Erasmo y su "filosofía de Cristo".
Para Castelio, el cristianismo no es un conjunto de doctrinas o dogmas que hay que aceptar y defender. Para él, como para los humanistas, ser cristiano es seguir a Jesús en la vida. No es que menosprecie las doctrinas, sino que las considera como expresiones humanas, por lo tanto no son sagradas. La prueba estriba en las diferencias doctrinales, en los diferentes dogmas, donde los cristianos no se ponen de acuerdo. Piensa que se puede tener esas doctrinas a título personal, pero no le define a uno como seguidor de Cristo.
Castelio entiende que ser cristiano es vivir de una determinada manera. Y que si de alguna manera esta fe es superior a las de otras religiones, es debido a que "hace mejor al hombre". Es ahí donde reside la esencia de la fe cristiana. Jesús no trajo dogmas, o doctrinas, sino una nueva vida. El cristianismo antes de ser algo que se cree, es algo que se vive.
Por eso, no podía entender tanta violencia entre protestantes y católicos si ambos se reclamaban del Evangelio.
¿Ha desaparecido esa violencia hoy?
En cierto modo sí, vivimos en otro tipo de sociedad. Pero los enfrentamientos entre creyentes por causas doctrinales siguen existiendo.
Se suele preguntar ¿en qué cree esta persona? ( entendido como una serie de proposiciones). Castelio nos diría que la pregunta debería ser: ¿Cómo vive esa persona? Porque lo que vive muestra lo que cree.

Tercera idea : « El gran milagro del Evangelio: es un poder de transformación del mundo y de cambio en las almas » (I,10)
Castelio cree en un evangelio del "más acá". No tiene la visión pesimista que propaga las diferentes doctrinas reformadas sobre la naturaleza humana. Por supuesto que no es un ingenuo, y sabe de lo que el hombre es capaz de hacer a sus semejantes. Pero aún así él pensaba que el ser humano era redimible. Lo pensaba como algo posible en este mundo.
Muchas de las controversias teológicas de la reforma tenían que ver con la doctrina de Salvación. Una salvación enfocada en el más allá, en el bienestar eterno o su contrario. Castelio no niega que haya un más allá, pero entiende que el evangelio se dirige a « salvar » el mundo ahora, en esta vida. El cree que la vida y las enseñanzas de Jesucristo son poderosas para realizar ese cambio en las almas primero y en la sociedad después. No es un metafísico, pero tampoco le molesta las diferentes propuestas confesionales.
Lo prioritario en cambio, es dar a luz una nueva humanidad, en la historia misma.
Otra vez Castelio nos desafía. ¿ Tiene hoy el Evangelio respuestas a las preguntas que se nos plantean?
Un autor decía que no aceptaba el cristianismo porque contestaba con respuestas del siglo I o XVI, a las preguntas del siglo XXI.
Castelio diría que el evangelio es un poder de transformación cuando se encarna en cada época. Él lo intentó en el turbulento siglo XVI
pero fracasó, como fracasó esa tercera reforma ignorada.

En general la Reforma se suele dividir en Magisterial (Lutero, Zwuinglio, Calvino) y Radical (Los Anabaptistas, Menno Simons).
La primera fue una lucha de ortodoxias que llevó a Europa a la guerra de religiones. Un auténtico baño de sangre entre católicos y protestantes, y protestantes entre sí. Como fue la reforma radical entre los anabaptistas violentos y los pacíficos. A la vez que éstos eran perseguidos por católicos y protestantes magisteriales.
¿Qué hubiera ocurrido si hubiese triunfado la Reforma Humanista que se originó con Erasmo de Rotterdam?
Erasmo tuvo discípulos católicos y protestantes. Todos creían en la libertad de conciencia, en la no violencia en asuntos de fe, y en la Razón.
Castelio defendió el derecho de los anabaptistas a pensar y creer diferentemente. Denunció la quema de Servet, aunque nunca sostuvo sus ideas. (ni siquiera lo había leído).

Sebastian Castelio murió bastante joven, agotado de tanta lucha por la Libertad. Ha sido olvidado, quizás alguna frase suya se recuerde.
Pero fue un gigante, un hombre que creía en la razón, en la tolerancia, en la fuerza de la argumentación, en la vida ejemplar, y que detestaba las violencias y la intolerancia.
Para algunos, él es junto a Erasmo y otros humanistas, los verdaderos héroes de aquel tiempo. Hoy consideramos que el Libre Examen es algo digno, que hay que defender. En última instancia, quizás sin saberlo, de alguna manera extraña, Castelio ha triunfado.


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