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LOS QUE DUDARON

 

Julian Mellado



 

11 abril 2017

La cita era muy extraña. Se trataba de acudir a un monte para encontrarse con el Hombre que había sido recientemente crucificado. Unas mujeres habían transmitido el mensaje a unos hombres apenados y asustados. Tenían que ir a un monte a Galilea, lejos del lugar de los terribles acontecimientos que llevaron a su Maestro a la muerte. ¿Qué pasaría? ¿Con qué se iban a encontrar?

Se ha escrito mucho sobre el tema de si el relato es meramente simbólico (el lugar de encuentro en un monte) o si se trata de un recuerdo real. Qué más da. Para nuestro propósito seguiremos el relato tratando de comprender, de asimilar, e incluso de vivir.

Leamos pues, el relato sencillo, escueto que nos presenta el evangelio según Mateo:

« Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado; Y cuando
le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban » (Mt 28, 16-17)

Acudieron a la cita, pero no todos reaccionaron de igual manera. Unos adoraron, otros dudaron. ¿Acaso no resumen estas palabras una situación que se sigue dando? Hay quien tiene muy claro lo referente a Jesucristo, y otros aún acudiendo al lugar del encuentro, dudan.

Es triste observar como los « que dudan » menosprecian a « los que adoran », y « los que adoran » condenan « a los que dudan ».

Siempre ha sido así. Los dudadores deberían ser conscientes que los que adoran no son necesariamente creyentes supersticiosos, o simples, o fanáticos. Ellos tienen sus razones para aceptar lo que los relatos les dice, y responden con una fe comprometida. También han reflexionado, y han acabado adorando. Ahora bien, los adoradores no tienen que ver a los que dudan, como infieles, personas deshonestas, de carácter sospechoso. Dudan porque también tienen sus razones, fruto de una búsqueda quizás distinta, y que tratan de ser consecuentes con sus pensamientos.

Además debemos constatar que hay otras "variantes": los que adoran a pesar de sus dudas, y los que dudan adorando.

¡Qué complejos somos!

La clave está en que ambos grupos acudieron al lugar de encuentro, al monte, y se enfrentaron a lo inexplicable. Debemos reconocer que cada ser humano tiene su resortes personales más íntimos. Algo que se aprende con el tiempo, es que nos acercamos a los mismos temas desde diferentes preguntas. Y que tenemos diferentes maneras de comprender o de dar una respuesta por válida. No significa que el otro, que busca otra respuesta, esté en un nivel inferior, o sospechoso.

Se ha intentado a lo largo de los siglos imponer un dogmatismo para unificar la manera de adorar y suprimir el derecho a dudar. Pero no ha funcionado. No se puede atrapar el viento, y al fin y al cabo el espíritu es comparado al viento.

Los adoradores y los dudadores se acercan al misterio de Jesús de Nazaret. Cada uno desde sus propios recursos, debe dar cuenta de lo que se le propone. Y no es cualquier cosa. El Crucificado sigue vivo. ¿Cómo es posible? ¿Quién lo dice? ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo interpretarlo?

Yo soy de los que dudan. Pero he llegado a comprender que los que adoran tienen poderosas razones. Es verdad que no me convencen. pero quitando los fundamentalismos, puedo ver que mis amigos adoradores no son inferiores intelectualmente, ni de carácter simple, o
irracional. Algo les ha convencido, y no lo ha hecho anulando su capacidad de pensar. Tengo amigos que jamás se me ocurriría decir que son intelectualmente inferiores a mí, además de ser unas personas realmente buenas que admiro.

A la vez, el que yo dude, no significa que tenga oscuras intenciones, solamente es que mis preguntas son otras, con otras exigencias, con otros razonamientos. Todos tenemos el derecho de exponer esas reflexiones. Aunque es cierto que "el que adora" se ve más amenazado por el que duda. Y el que duda, debería conocer las razones del que adora.

Sin embargo la clave del relato está más adelante:

« Y Jesús se acercó... » (v.18)

Ahí se encuentra el centro de todo. Jesús se hace cercano tanto a unos como a otros. La forma de percibir o entender esa cercanía también será diferente. ¿Por qué imponerlo a los demás?

Los adoradores quieren que los que dudan "se conviertan" y los que dudan a los adoradores les invitan "a que habrán los ojos".

¿No hay una cierta intolerancia en todo ello? ¿Un deseo de conquistar, de con-vencer?

A veces me reúno con esos amigos adoradores y charlamos de nuestro puntos de vista diferentes. Es curioso, todos tomamos a Jesús de Nazaret como nuestro criterio existencial. Quizás por eso nos tratamos con un profundo afecto, respeto y una enorme curiosidad por conocer "las otras razones". Cuando tenemos esos encuentros tengo la sensación de que hemos acudido al monte de Galilea. Hemos ido a la cita, pero no reaccionamos igual. Personalmente, siempre aprendo algo, siempre ha un fleco que me he dejado fuera, veo con frecuencia que algunos de mis argumentos no son tan sólidos. Pero también ocurre lo contrario. Mis amigos son honestos y reconocen que tengo razones para dudar, y que algunas son especialmente sólidas. ( y representan un desafío para ellos). El encuentro siempre termina en el abrazo de aceptación pues no tenemos ninguna el deseo de convertir al otro.

Para terminar, quisiera decir que tras muchos años de investigación, de estudios, he aprendido a vivir en la duda, y a la vez aceptar a los que no dudan. (o dudan de otra forma). También he comprendido que estamos definidos por nuestro carácter. nuestras estructuras mentales, nuestra biografía.....es decir que quizás las causas de si adoramos o dudamos pueden estar escondidas en esas profundidades de nuestro interior. Quién sabe.
Vayamos al monte de Galilea, y tratemos de aprehender el misterio de Jesús, como somos, como podamos, no necesitamos expulsar a nadie del monte. Y ya que estamos......¿nos tomamos algo junto y charlamos?


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