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BEDA Y EL GORRIÓN

 


Julian Mellado

 

29 septiembre 2016

Muchas veces los teólogos y los filósofos quieren desentrañar los grandes misterios de la existencia. Es un auténtico servicio al prójimo, pero que no siempre consigue su propósito debido a la dificultad del lenguaje empleado. Parecería que cuanto más complejo sea el discurso más profundo resulta. A veces se llega al punto de que solamente los "entendidos" entienden, y que otras personas que no han estudiado tanto o nada, no son capaces de pensar en ciertas "profundidades". Si habla el especialista o el erudito, ya no hay nada más que añadir. Esto es comprensible en aquellas disciplinas que requieren realmente un saber concreto, una investigación objetiva donde se emplean los mejores métodos de verificación. ¿Pero cómo se habla de la Vida y la Muerte como especialista?

Ya decía Séneca que "se necesita toda una vida para aprender a vivir".

¿Qué es la vida? ¿La muerte? ¿Hay algo después? ¿el qué y cómo? Por supuesto que cada escuela de filosofía o creencia religiosa pretende tener las respuestas a todos estos interrogantes. Para los Agnósticos la cosa no es tan simple. Reconocemos que en realidad "no sabemos", que los diferentes discursos tienen su grado de probabilidad, pero sin ninguna prueba absoluta. Aquí entra la fe nos dicen. Y estamos de acuerdo, siempre y cuando se presente como tal y no como un conocimiento. Vivir en el misterio, sin tener todas las respuestas resulta molesto para muchos, y liberador para otros.

Voltaire afirmó : "La incertidumbre es una posición incómoda. Pero la certeza es una posición absurda".

 

¿Significa entonces que "nada" podemos saber? ¡Por supuesto que no!

Más bien, que no podemos saber más allá del ámbito humano, de las capacidades y destrezas humanas. Por supuesto que podemos "proyectar" realidades hipotéticas, imaginar (poner en imagen) creencias etc....Pero entonces nos movemos en el orden del creer y no del saber.

 

El problema es que no podemos dejarnos de preguntarnos por todos esos enigmas de la existencia. Buscamos un saber, y aunque la Ciencia ha respondido a muchos interrogantes ( que antes se atribuían a los dioses), no ha conseguido desvelar todas las cosas. Y dudo que lo consiga, pues hay aspectos de la vida que no podemos deducir en "un laboratorio". Ahí recurrimos a las argumentaciones (sin pruebas), a la filosofía, y caemos en la tentación o corremos el riesgo de volvernos inteligibles.

Buscando alguna argumentación que sea suficientemente sólida sobre la vida y la muerte ( para mí, que conste) encontré un relato que no apela a grandes conceptos metafísicos. Una historia que evoca las mejores intuiciones pero que se limita a lo posible.

No es un relato del gusto de los que gustan de certezas, de los que pontifican sobre verdades, de los dogmáticos.

 

Este relato lo he llamado Beda y el Gorrión.

 

Es para mí la más bella expresión del desafío existencial en la que nos encontramos todos. Se encuentra en La historia eclesiástica de los ingleses escrita por Beda el Venerable alrededor del año 700. Nos dice que el rey de Northumbria, Edwin, convocó un consejo en el año 627 para decidir qué religión adoptar para su reino. Un hombre se presentó y propuso el siguiente discurso:

 

Majestad, cuando comparamos la vida presente del hombre sobre la Tierra con los tiempos que no conocemos, parece como el vuelo breve de un gorrión que cruza la sala de banquetes en la que vos estáis sentado a cenar en un día de invierno con vuestros nobles y consejeros. En el centro hay un fuego acogedor para calentar la sala; fuera ruge la tormenta de lluvia o nieve del invierno. El gorrión entra volando velozmente por una puerta de la sala y sale por otra. Mientras está dentro, está a salvo de la tormenta; pero tras unos pocos instantes de abrigo se pierde en el mundo invernal del que vino. También así, el hombre aparece en la tierra para un breve período; pero de lo que fue antes de esta vida, o de lo que sigue, no sabemos nada"

 

La historieta es muy sugerente. Por supuesto que como si fuera una parábola no hay que buscar todas las analogías. En cambio nos lleva a comprender la brevedad de la vida, que debemos intentar disfrutar del "calor mientras estamos en la sala", que no nos quedaremos ahí para siempre, y que nos espera lo desconocido o al menos el misterio de la última frontera.

Es trágico que no todos los gorriones disfrutan de ese breve calor, algunos son cazados, asesinados. Pero entraríamos en otro tema.

Cuando Beda relató esta historia, resaltó lo que a veces no nos gusta recordar : nuestra mortalidad.

Claro está que podemos especular, imaginar y creer lo que había "antes" y lo que habrá "después". He oído argumentos muy bien elaborados que me parecen probables, pero no probados.

La vida "en la sala de banquetes" no es siempre fácil, no siempre es lo que esperamos. Ahora bien, es donde estamos, la realidad presente, y aunque no es fácil, incluso a veces muy difícil, intentemos darle un sentido, un valor, aunque sea por un tiempo breve. No somos un sencillo gorrión, y podemos vivir nuestra brevedad amando, aportanto a la vida ese calor real, que vivifica, que ayuda a otros a "cruzar".

 

Para los que "no sabemos" esta historia de Beda el Venerable, nos habla al corazón con un llamamiento a apreciar la vida presente, a vivirla con sentido y a dejarse sorprender por el misterio.



 

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