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La puerta estrecha  

 

 

Dominique Hernandez
             

Mateo 7,13-14

15 deciembre 2016

Al final del sermón del monte, las imágenes dobles se suceden: dos puertas, dos caminos, dos árboles, y llegando al final del discurso, dos casas. Se trata por lo tanto de reconocer y de escoger entre dos, en particular la puerta ancha o la puerta estrecha.

Sin embargo la experiencia más común es que las elecciones no son siempre tan evidentes, porque no aparecen como una dualidad, sino mas bien una opción entre cinco o seis, y porque no siempre sabemos exactamente a donde nos va a llevar lo que escogamos, si a favor de la vida o lo contrario.

Esa inquietud, en cambio, se traduce en ese empuje para ponerse en marcha mediante el pensamiento, la mirada y la inteligencia.

Para que la inquietud no se derive en una angustia, estas palabras se presentan siempre frente a cada uno, cada día, para ayudar y no para condenar, para interpelar y no para aplastar, ya que son portadoras de una promesa de vida para quien las ponga en práctica.

El final del sermón, es cuando Jesús emplaza a sus oyentes delante de su libertad y ante su responsabilidad:
ahora les toca a ellos de responder, no mediante palabras, sino por la manera de ser. Esa respuesta existencial sólo puede ser dada por la persona concernida, por ella sola. Esa respuesta sólo puede ser singular y por ello es que la puerta es estrecha.

La puerta, es la imagen de la elección, del compomiso deliberado, ante el camino marcado. la puerta es la respuesta intima ya la vez compartida, secreta y publica, a un llamado que pone en juego el ser en el mundo.
La puerta es un << aquí estoy>>, un << voy>> gritado o balbuceado, es una aquiesciencia al si de Dios sobre uno, seamos buenos o malos, justos o injustos.

La puerta hacia la vida es estrecha porque sólo se puede pasar por ella de uno en uno; la puerta es estrecha porque el paso se debe hacer en singular.

La puerta estrecha esta ajustada a una persona, a la persona que se presenta ante ella, reconocida en sí misma. Es el paso de un deseo de vivir enraizado en lomás profundo del ser, un deseo que no podemos tomar ni dar a otra persona. La puerta estrecha es la queesta hecha para un solo nombre a la vez, el de aquel que la cruza en su propio nombre.
Es tan estrecha que sólo se puede traspasar cuando estamos despojados de toda protección, de cualquier defensa, de toda apariencia. Sólo se puede pasar tal y como somos, sin tratar de aparentar mas fuertes de lo que somos, ni más grandes, ni más importantes. Así, escoger responder al llamado de Cristo pasando por la puerta estrecha, es decidir abandonar todas nuestras pretensiones y todas nuestras ilusiones. Es decidir renunciar al abrigo o a la armadura que puede darnos la consideración de otros, o la adulación de la religión.

La puerta estrecha es la que deja pasar al ser en vivo, desnudo, en la humildad del polvo que le consituye, acompañado solamente por el Soplo que le anima.

La puerta ancha, la que no lleva hacia la vida, se puede pasar en grupo, en masa, en manada sometida, alocada, perdida, inconsciente finalmente de lo que esta en juego en cuanto a la libertad y la responsabilidad. También se puede pasar por ella hinchado de orgullo, de rectitud, de buena consciencia o de indiferencia.

La simplicidad de la imagen de las dos puertas está al servicio de la intención del texto: el despertar de una concienca y de una confianza en el Padre que esta en los cielos. Indica a su vez que el reconocimiento y la elección entre dos puertas siempre son posibles, y que por muy ancha que sea la puerta de la perdición, es suficiente dar un paso al lado para encontrarse frente a la puerta estrecha.
Es ese paso al lado el que el oyente del sermón es exhortado a dar, un paso de abandono, despojándose, renunciando.

No hay ninguna fatalidad ni maldición de parte de Dios, el Padre que está en los cielos. No hay alianza olvidada ni promesas abandonada por Dios. Lo que hay es un llamado a vivir, a ser, a devenir, un llamado a poner en práctica lo que uno cree, a armonizar loss hechos con la fe, en un canto a la creación que no tendrá nada que envidiar al de los angeles.

La puerta es estrecha, y siempre está abierta.


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