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¿Por qué medito

una media hora cada día?

 

 

 

Frédéric Fournier

 



27 febrero 2015

La meditación nos hace pensar en las religiones orientales, o en ciertas formas de misticismo. En cambio ese ejercicio puede ser practicado por los cristianos que están en busca de una espiritualidad y sacar de ello un beneficio.

Para un budista, meditar significa calmar, disciplinar y abrir su mente afín de alcanzar el despertar espiritual. ¿Por qué yo, pastor, he acabado por interesarme por una disciplina budista? ¿Cómo es que ese interés ha desembocado en una práctica cotidiana de una media hora y eso ya desde hace tres años? Daré tres razones.

La necesidad de serenidad

Debido a una sobreactividad contínua he necesitado encontrar la calma y poder fortalecerme. Un amigo me convenció para participar a un encuentro sobre meditación en un centro tibetano en Normandía. Durante ese seminario, aprendí en primera instancia que la meditación interesaba a ciertos neurocientíficos. Según los trabajos del doctor Richard Davidson, su práctica regular tendría un impacto sobre el cerebro. Activaría notablemente la parte izquierda del cortex prefrontal asociado a las emociones positivas y por lo tanto ayudaría a mantener en nosotros una actitud optimista. Después, fuí iniciado a los métodos para, de una parte, calmar la mente y por otra parte a mantenerla abierta a las sensaciones corporales, a los sonidos del ambiente, y todo esto sin proferir ningún juicio sobre ello.

Otra experiencia de Dios

A lo largo de los meses practicandola, la meditación me ha llevado a descubrir una dimensión espiritual interior. Antes que nada, concentrarse sentado sin moverse durante media hora cada día, ha resultado ser un accésis.
En efecto, la mente, como si fuera un perro correindo por todos lados, quiere siempre saltar de un pensamiento a otro.
La meditación trata siempre de traer su atención sobre un objeto fijo o bien sobre el instante presente. De esta manera, educa lo mental que desea erigirse en rey todopoderoso. La meditación me ha permitido apreciar el instante persente, como un don de Dios. Perpetualmente insastifecho, lo mental huye hacia el futuro o el pasado. La práctica meditativa permite saborear la única realidad que hay: el presente instante.

Se convierte acción de gracias a Dios quien es la fuente de todo don. Enfin, el silencio me ha permitido descubrir una nueva relación personal con el Señor. Dios está aquí y ahora más allá del reflujo de los pensamientos, de los sonidos y de las sensaciones. Mientras que la oración hablada, bien que necesaria, encierra a Dios en las peticiones o en las alabanzas, la meditación instarura una relación infinita puesto que sobrepasa los límites de las palabras.

Una comunión con los creyentes

He podido redescubrir que el cristiano que medita no es un solitario, sino que está enraizado a una larga tradición cristiana.

- La de los Padres del desierto con el hesicaismo (hesychadzo, en griego significa << estar en paz, estar en silencio>>) que trata de preparar la unión del alma con Dios mediante la vigilancia de los pensamientos y por la repetición contínua de una breve oración.

- La de la espiritualidad francesa del siglo XVII que favorece la oración, suspendiendo la expresión vocal y estar en la presencia de Dios sin esperar nada de él.

- La del movimiento Cuáquero en el cual el culto se desarrolla en silencio.

- Todavía hoy, en Occidente, hay cristianos que promueven la meditación afin de avivar la fe. Podemos citar a los monjes católicos Thomaas Keating o Benoît Billot, ambos influenciados por el budismo, pero también podemos citar al pastor y profesor Carl A. Keller, que fue impresionado por la místia hindú shivaíta.

El cristiano que medita está unido también a los adeptos de otras tradiciones espirituales que practican la meditación de una manera bastante parecida, sobretodo los budistas, los hindús no dualistas de la escuela del sabio Shankara y algunos sufíes.

Así que, la búsqueda de serenidad, la sed de Dios y el deseo de comunión con los creyentes han hecho de mi un cristiano que medita que avanza despacio hacia sí mismo, hacia el Otro y hacias los otros.

 

 

Traducción Julian Mellado

 

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