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¿ Qué significa la oración?

 

 

John Shelby Spong

 

Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo

Editorial Abya Yala

 



25 febrero 2015

¿Qué significa la oración? ¿A quién le rezamos? ¿Cómo actúa la oración? Este es el tipo de preguntas que suelen hacer sobre la oración. Sin embargo, cuando las preguntas son formuladas con estas palabras, las mismas preguntas definen la oración con conceptos tradicionales. La suposición que late debajo de estas preguntas es que la oración consiste en peticiones e intercesiones dirigidas a la deidad, externa a este mundo, y que la deidad puede intervenir y ayudar al que reza en una crisis personal o en una crisis en la vida de su grupo social.

Como tal, la oración es un descendiente directo del comportamiento de los primeros ancestros autoconscientes de nuestra humanidad. Traumatizados por un sentimiento de impotancia y desesperanza, esos antepasados enfrentaban su ansiedad postulando la existencia de un protector más poderoso que las fuerzas que los amenazaban. Por eso la oración ha sido tradicionalmente un intento de buscar ayuda de ese protector o de formar una alianza con ese ser sobrenatural. Hemos aupuesto que este ser sobrenatural es capaz de hacer más por nosotros, de lo que podemos hacer por nosotros mismos. La oración, por lo tanto, perpetúa la ilusión principal del teismo, es decir, que no estamos solos, que hay un poder personal en algún lugar, que es mayor que la capacidad limitada de la humanidad, y que este poder personal puede afrontar con eficacia todas las cuestiones que sobrepasan la capacidad que tienen los seres humanos para resolverlas. La plegaria ha sido y sigue siendo, el primer intento de ejercer control en esos momentos de la vida en los que nos sentimos fuera de control, ineficaces, débiles y víctimas.

El concepto tradicional y la definición de la oración, entonces, no son nada más que un intento de controlar el impacto experimentado por el trauma de la conciencia de sí mismo o de la amenaza del no-ser. Así, la oración - por favor reconozcámoslo- es el modo en que el ser humano juega la baraja triunfante del teismo. Sin embargo, cuando esa carta deja de funcionar, el orante tiene que descubrir una forma de vivir con la pérdida del protector y, por lo tanto, con la insuficiencia del teismo.
Así mientras el teismo muere, la comprensión humana de la conducta de Dios comienza a expresarse con explicaciones cada vez más complicadas.

El Dios teista tiene que ser protegido de la irracionalidad que parece rodear a la deidad. Este Dios se tiene que mostrar en control, no importa que la evidencia sugiera lo contrario. Tenemos que descubrir algún propósito divino o bienintencionado que sirva para explicar la irracionalidad de la vida o el sufrimiento que parece inmerecido y tan impactante. Pero esas explicaciones ya no son suficientes, porque el teismo ha muerto.

(...) A continuación, trato de encontrar alguna experiencia dentro de mi vida que sea similar a lo que condujo, a nuestro antepasados en la fe, a la actividad llamada oración. Descubro en mi interior, el deseo espiritual, un anhelo interior, de ser más profundamente la persona que soy, y así ser más capaz de entregarme a los otros. A veces este deseo dentro de mí es todo menos abrumador. Creo que es sólo una búsqueda interior de ser que, a mi entender, es idéntico al deseo de Dios. Es esa inquietud de la que habla San Agustín, que queda sin resolver hasta que descansemos en Dios. Ésta es una descripción del deseo, la realidad que me exige crear un nuevo lenguaje para la oración.

 

Traducción Julian Mellado

 

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