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¿Qué es experimentar la Gracia?

 

 

Paul Tillich

 

 

10 mayo 2014

No quiere decir que de pronto creamos que Dios existe, o que Jesús es el Salvador, o que la Biblia contiene la verdad. Creer que also es, es casi lo contrario de lo que significa la gracia. Más aún, la gracia no significa simplemente que estamos realizando progresos en nuestro autodominio moral, en nuestra lucha contra la sociedad. Los progresos morales pueden ser fruto de la gracia; pero no son la gracia en sí, y hasta pueden impedirnos recibir la gracia...Y ciertamente (la gracia) no nos llega... mientras pensemos en la autocomplaciencia, que no la necesitamos. La gracia recae sobre nosotros cuando estamos sufriendo mucho y estamos inquietos. Cae en nosotros como un rayo mientras cruzamos el excuro valle de una vida vacía y sin sentido. Nos golpea cuando sentimos que nuestro aislamiento es mayor de lo habitual, porque hemos violado otra vida. Nos golpea cuando nuestro disgusto por nuestro propio ser, nuestra indiferencia, nuestra debilidad, nuestra hostilidad y nuestra falta de dirección y de compostura se nos llega a hacer intolerable. Nos golpea cuando, año tras año, la tan deseada perfección de vida no aparece, cuando las viejas compulsiones reinan dentro de nosotros como lo han hecho durante décadas, cuando la desesperación destruye toda alegría y todo valor, entonces, en ese momento, una oleada de luz irrumpe en nuestras tinieblas, y es como si una voz estuviera diciendo ; « Eres aceptado », aceptado por aquello que es más grande que tú y cuyo nombre no conoces. No preguntes ahora el nombre ; tal vez lo descubrirás más tarde. No intentes hacer nada, ahora; tal vez más tarde harás mucho. No busques nada; no realices nada ; no te propongas nada. ¡ Simplemente acepta el hecho de que eres aceptado !

Si eso nos ocurre, experiementamos la gracia. Después de una experiencia como esa podemos no ser mejores que antes, y podemos no tener más fe que antes, pero todo está transformado. En ese momento la gracia vence al pecado, y la reconciliación establece un pruente que salva el aislamiento. Y nada se exige de esa experiencia, ningún presupuesto religioso o moral o intelectual, nada salvo la aceptación.

A la luz de esa gracia, percibimos el poder de la gracia en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. Experimentamos la gracia de poder mirar francamente a los ojos de otro, la milagrosa gracia de la reunión de una vida con otra vida.

del libro Yo estoy bieb, tú estás bien, de Thomas A. Harris

Traducción Julian mellado

 

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