Protestants dans la Ville

Page d'accueil    Liens    

 

Gilles Castelnau

Images et spiritualité

Libres opinions

Spiritualité

Dialogue interreligieux

Hébreu biblique

Généalogie

 

Claudine Castelnau

Nouvelles

Articles

Émissions de radio

Généalogie

 

Libéralisme théologique

Des pasteurs

Des laïcs

 

Roger Parmentier

Articles

La Bible « actualisée »

 

Réseau libéral anglophone

Renseignements

John S. Spong

 

JULIAN MELLADO

Textos en español

Textes en français

 

Giacomo Tessaro

Testi italiani

Textes en français


 

 

 

Existo, luego muero

 

 

Bruno Alvarez

 

 

31 enero 2014

Somos conscientes que existimos; también, que moriremos. Nos encontramos arrojados a un mundo en el que no pedimos estar. Somos seres pensantes una mota de polvo en medio de un dilatado universo indiferente. Y así es como discurre nuestra existencia: ideando proyectos, rastreando fugaces momentos de dicha en las banalidades de la vida, buscando nuestra felicidad en bienes materiales y persiguiendo el hedonismo a cualquier precio. ¿Todo para qué? Para relegar de la mente aquél proceso ineludible que nos llena de angustia y desasosiego: la muerte.

Podemos encontrar en la literatura de todos los tiempos que la muerte asedió desde siempre al ser humano. ¿Qué habrá más allá del umbral de la muerte? ¿Habrá algún tipo de supervivencia espiritual, o penetraremos en la nada absoluta?

Con el advenimiento de la modernidad se comenzaron a quitar progresivamente los grilletes de la religión. ¿Cuál fue la respuesta? Somos un accidente de la naturaleza; estamos acá de casualidad, somos un producto ciego del azar más el tiempo. La vida es un absurdo, un sinsentido. Hagamos lo que nos plazca, al fin y al cabo nuestra existencia es finita y limitada. Si no disfrutamos ahora, ¿cuándo? La muerte nos espera al final del camino con los brazos abiertos; una potencial posibilidad del non-ser, de la no existencia.

Este tipo de pensamiento abunda en el hombre moderno; el ateísmo, el agnosticismo y la indiferencia religiosa se van abriendo camino en una sociedad cada vez más secularizada y volcada al materialismo. Las iglesias están vacías, en parte debido a que su mensaje no se ha adaptado a los tiempos modernos, al hombre de hoy no le dice nada; en parte porque se mantiene en su conservadurismo y no entra en diálogo con la cultura actual, pudiendo brindarle a ésta la esperanza de la que se dice portadora. Y el resultado es evidente: cada vez son más aquellos que proclaman el sinsentido, el nihilismo, el vacío de una existencia absurda despojada de todo sentido y esperanza.

Heiddeger lo expresa de esta manera: “Ser para la muerte”. Es decir, sé que existo y sé que dejaré de existir. Esta consciencia de mi propia muerte me preocupa, me angustia. Nuestra existencia conlleva la angustia de saberse finito. Esta angustia trae aparejada el malestar existencial; la muerte nos perturba, nos hostiga, nos impide perpetrarnos en el ser.

Esta “angustia” heiddegeriana, es la “congoja” de Paul Tillich, “el sentimiento trágico de la vida” de Unamuno, por nombrar alguno de los grandes. Éste último nos dice que la consciencia es una enfermedad, el hombre es un animal enfermo. La consciencia nos interpela y no encontramos respuesta; nos produce malestar, pesadumbre, incertidumbre.

¿Y qué fundamento hay para la esperanza? Si Dios existe, nuestra vida no es sólo un paréntesis entre dos mundos, de la nada a la nada. Podemos esperar y confiar en Dios, aun cuando dudemos de su existencia, aun en aquellos casos en que el sufrimiento irracional del mundo nos haga desbaratar todas nuestras creencias. Debido a que me debato permanentemente entre la creencia e increencia, más que creer en Dios apuesto por su existencia; es una apuesta a la vida, al sentido, a la esperanza. Quiero seguir siendo, mi yo no quiere morir, dejar de existir.

Cada cosa en cuanto es, se esfuerza por perseverar en su ser, manifestaba Spinoza. Este hombre anhelaba la inmortalidad, pero no podía creer en ella. A Spinoza y a mí-entre tantos otros hombres y mujeres de la historia- nos duele la incertidumbre de Dios. No somos hombres de fe. ¡Pero sí de esperanza!

Tendremos que encontrar nuestras propias respuestas a la muerte en la razón- condición inseparable de todo ser humano- y en la fe- que nos sitúa perennemente en la duda e incertidumbre- para atenuar el padecimiento que conlleva no hallar una respuesta certera la supervivencia de nuestro ser, y dirigirnos con esperanza hacia el misterio que nos encuentra al final de nuestra existencia terrenal. León Felipe lo expresó acertadamente: “Vamos de la nada a la vida, de la vida a la muerte, y de la muerte al Misterio”. Si estamos dispuestos, la filosofía puede ayudarnos a enfrentar el interrogante más hondo del ser humano y mirar hacia el futuro con un horizonte esperanzador. Al fin y al cabo la filosofía-como decía Sócrates- no es más que una preparación para la muerte.

 


Volver a "Textos en español"

 

haut de la page

 

 

Les internautes qui souhaitent être directement informés des nouveautés publiées sur ce site
peuvent envoyer un e-mail à l'adresse que voici : Gilles Castelnau
Ils recevront alors, deux fois par mois, le lien « nouveautés »
Ce service est gratuit. Les adresses e-mail ne seront jamais communiquées à quiconque.