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Tolerancia y límites: ¿una paradoja?

 

 

Marie-Noële Duchêne

 

 

 

18 enero 2014

La tolerancia es « el respeto, la aceptación y el aprecio de la riqueza y la diversidad de la diferentes culturas de nuestro mundo, de nuestros modos de expresión y la manera en que lo hacemos en cuanto seres humanos que somos. (...) La práctica de la tolerancia significa que cada cual tiene la libertad de escoger sus convicciones aceptando a la vez que el otro goce del mismo derecho » ( Declaración de la Unesco de 1995)

Si la tolerancia tiene tanta importancia para nosotros, es sin duda en razón de la intolerancia que constatamos a diario a nuestro alrededor.

La idea de tolerancia se articula estrechamente con la de la libertad y la libertad de cada uno se detiene allí donde comienza la de los demás; la tolerancia comporta forzosamente unos límites. Por lo tanto estamos confrontados a una paradoja: la tolerancia no puede tolerar lo intolerable.

En una sociedad, el relativismo impide considerar el interés general. En nombre del principio de que todo vale, el interés común se pierde en la jungla de los intereses dominantes. La verdadera tolerancia ¿acaso no exige el derecho de criticar las ideas de los otros, el deber de no creer en cualquier cosa y el derecho de decirlo en voz alta?

¿Y qué ocurre con la tolerancia religiosa, específicamente con la cristiana? La Biblia ¿da testimonio de tolerancia o de intolerancia?

¡ En realidad encontramos las dos!

Por ejemplo Abram es bendecido por Melkisedek, un sacerdote pagano reconociendo pues que es un auténtico representante de Dios (Gn14,19); Jesús acoge a los no judíos, como esa mujer siro-fenicia ( Mc 7,26), o el centurión romano ( de quién declara: «  Aún en Israel no he encontrado una fe como la suya ») (Lc 7,2-10), o la Samaritana (Jn 4). Pero también se encuentran otros pasajes bíblicos, donde se anuncia una profunda hostilidad hacia las otras religiones. Elías llega hasta masacrar los sacerdotes de Baal (1R 18,40). En los evangelios ciertas palabras afirman claramente la exclusividad de Jesús: « Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y a quien el Hijo quiera revelar » (Mt 11,27); « Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí » ( Jn 14,6)

¿Cómo entender estas divergencias? André Gounelle lo explica con claridad en el curso que impartió sobre La teología de las religiones, concluyendo que: « Antes de traer a nuestra situación los versículos bíblicos, hay que con mucho cuidado, situarlos y realizar un trabajo de interpretación para entresacar los más preciso que se pueda lo que pretendían señalar » Lo que en definitiva pudiera ser que estuviesen apuntando hacia la idea de la tolerancia.

Hoy el diálogo interreligioso nos ayuda a luchar contra la intolerancia pero hay que saber decir y aceptar de unos y de otros las reservas y los desacuerdos que podamos tener.

 

Traducción Julian Mellado

 


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