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Évangile et Liberté

décembre 2013

 

 

18 diciembre 2013

La muerte fija el tiempo. A partir de las reflexiones de Camus sobre el amor y la muerte, C.J Izard propone una aplicación de sus ideas al cristianismo, religión del amor. Con motivo del centenario del nacimiento de camus, estas líneas nos dicen la importancia que tiene para el creyente la palabra de un agnóstico.

Se dice que Dios hace fuego de cualquier leña.

En febrero de 1941, Camus terminó por fin El mito de Sísifo. Éste comienza con la frase : « Sólo hay un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio ». ´Siendo la reacción del hombre cuando se enfrenta a lo absurdo del mundo. Camus desarrolla, seguidamente, su concepción del absurdo. Para él, la vida es absurda y si uno se adviene sobre la muerte « es indecente querer guardarse de lo patético ». Vemos que es lo absurdo por excelencia. En cuanto al desarrollo de nuestras vidas, acompañada de « alegrías y sufrimientos », ésta se impone a aquellas « Son nuestras noches de Getsemaní ».

En cambio dos o tres años más tarde, Camus escribe en uno de sus cuadernos íntimos : « La muerte da su forma al amor tal y como se lo da a la vida... y a su destino. Aquella que amas está muerta en el tiempo en el cual la amabas y he aquí que a partir de ahora surge un amor fijado para siempre, ya que sin ese fin habría acabado disgregándose [...] Sin la muerte, el mundo sería inacabable ». Cuando uno está familiarizado con Camus, uno se da cuenta de que esa afirmación no es la de un escritor a la búsqueda de una originalidad fácil. La experiencia demuestra la veracidad de esa proposición.

Pero debemos ir más lejos aún. En efecto, la reflexión de Camus esclarece de una manera singular mi lectura de Las Escrituras, especialmente el Nuevo Testamento. El cristianismo es la religión del amor: el amor de Jesucristo por sus prójimos, sus amigos, por el mundo. También por aquellos que lo han traicionado, perseguido, condenado y ejecutado. Sólo hay que recorrer el Evangelio para darse uno cuenta de ello. Pero nos preguntamos cómo habría que entender ese amor después de la desaparición de Jesús: ¿un amor hasta ,si es necesario, el martirio? Es ahí donde la reflexión de Camus toma todo su sentido.

Es en la cruz, en su muerte, que el amor de Jesús quedó sellado para siempre en el corazón y en la memoria de los discípulos que estaban presentes y en los que habrían de venir después.

Traducción Julian Mellado 


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