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Navidad

es la fiesta de la Encarnación

 

 

Laurent Gagnebin

 

 

18 de diciembre 2012

« La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros... » (Jn 1,14). Cierto, el cristianismo es la religión de la encarnación porque nos invita a no huir de este mundo y de sus realidades materiales. « Espiritualizar no significa volatizar », escribió Wifred Monod. Jesús no fue un asceta y, según el evangelio de Juan, su primera manifestación pública consistió en ir a una boda en Caná de Galilea donde transformó en agua en vino. No al revés.

Pero hablar de encarnación para explicar una parte esencial de la Navidad, es decir mucho más. Los relatos de la natividad en los evangelios de Mateo y Lucas ( no los encontramos en Marcos ni en Juan) anuncian un nacimiento milagroso. No es suficiente limitarse a leer lo que dicen esos textos, que a menudo parecen legendarios, sino de comprender lo que nos quieren de esa manera decir. Nos anuncian el significado de que en Jesús podemos descubrir a través de un hombre una realidad decisiva : Dios, o más exactamente, la palabra de Dios.
Esa es la verdad de la encarnación para nosotros.

Esta encarnación concierne a cada profeta cuya vocación es precisamente, a través de las edades y de los libros bíblicos, poder ver más allá, y de hacernos entender la palabra de Dios. De ahí el hecho de que su mensaje es frecuentemente introducido por estas palabras : « Así dice el Seño ». Jesús es entonces un profeta entre otros profetas y diríamos que para nosotros, el profeta. A menudo se tiene la impresión que considerar a Jesús como un profeta es despreciarlo. Al contrario. ¿Hay algo más importante que confesar que en Jesús - porque es profeta - encuentro la palabra de Dios por excelencia, y esto porque él la encarna verdaderamente ?

 

Traducción Julian Mellado

 

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