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¿Qué esconde la Navidad?

 

 

Julian Mellado

pastor en Madrid

 

3 de diciembre 2012

Jesús no nació un 25 de diciembre. En realidad no sabemos la fecha exacta de su nacimiento. Lo importante es que nació. ¿Porqué entonces se celebra el 25 de diciembre? En Roma los cristianos del siglo IV pensaron que era una buena fecha. Era el natilicio del dios Mitra, en cuyo honor se celebraban unos auténticos bacanales. Cuando los cristianos empezaron a tener una presencia de importancia en la sociedad decidieron celebrar ese día el nacimiento de Cristo para esconder el de Mitra y sus nefastas celebraciones. Y parece que funcionó bastante bien.
Actualmente la fiesta de Navidad también esconde un nacimiento. El de Jesús. Es un pretexto para celebrar mil cosas, a gusto del consumidor (nunca mejor dicho), sin necesidad de relacionarlo con los acontecimientos de Belén. De tal manera que pensar que la Navidad es hoy una fiesta cristiana se nos hace difícil en una sociedad que no quiere reconocerse como tal. Pero se mantene la fecha. Es casi irónico que el 25 de diciembre era una fiesta pagana, que fue cristianizada, para volver a ser pagana. Hablo de la sociedad, claro está.

Podríamos decir, que al menos los creyentes sí le damos un significado real a ese día. Celebramos el nacimiento del Salvador. Y realizamos unos cultos especiales, cantamos villancicos, damos sermones especiales para la ocasión, se hacen representaciones, o se exponen belenes, y seguimos proclamando la gran noticia y la inmensa alegría. Pero en medio de esas celebraciones, también escondemos otras realidades.
Escondemos que muchos niños no celebrarán nada. Morirán de hambre, de frío, de violencia. Habrá personas que no tendrán nada que celebrar, y no entenderán tanta alegría. Sabemos que muchos han perdido sus hogares, otros les invade la desesperanza. La navidad no representa nada, más que un espejismo de lo que sería genial que existiera. Pero si lo que queremos es no esconder nada, entonces deberíamos volver al viejo relato de los evangelios. ¿Qué encontramos? No las estampas navideñas. Sino la historia de una familia que busca refugio. En el relato vemos que son víctimas de incomprensiones, no hay lugar para ellos, y deben conformarse con lo que se les ofrece. Es una historia sin luces falsas, sin turrones, sin celebraciones. Es un relato de fragilidad, de miedos, de carencias. Y nace el niño. Igual de pobre que sus padres, igual de incomprendido. Pero en ese rostro del recién llegado, habitaría la esperanza de los hombres.

¿Esperanza de qué?
Otra vez lo más divino se nos presentaba en lo más humano, lo más poderoso en lo más frágil. Y vino al mundo amenazado por un rey que le gustaba los manjares, las fiestas y los boatos. Amenazado por la codicia de los que ostentan el poder, de los que deciden sobre las vidas de los demás. (suena muy actual), comenzó sus días huyendo con sus padres para salvar la vida. La historia de navidad está en realidad más cerca de los campos de refugiados, de las familias deshauciadas, de aquellos despreciados, de los incomprendidos, de los que tienen hambre, de los que desafían a los Herodes del poder político y económico, que de las celebraciones que en su nombre nos llevan a encender luces falsas, encontrar excusas para nuestro consumismos, y hasta para festejar nuestra religiosidad.

La Navidad debería ser un tiempo especial, no para esconder, sino para revelar en lo que se ha convertido este mundo. Sin embargo, me doy cuenta cómo el ambiente de la fiesta de Mitra me envuelve, hasta el punto que cada año me pregunto: ¿qué estoy realmente celebrando en esos días de Navidad?

 

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